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viernes, 2 de noviembre de 2018

LLEGA EL CATARRO...FUENTE: OSAKIDETZA.

  • El catarro es una infección leve de las vías respiratorias, causada por virus.
  • Produce moquillo, taponamiento nasal, dolor de cabeza, de garganta, lagrimeo, tos y algo de fiebre.
  • A los pocos días se suele curar sin tratamiento. La tos a veces puede durar varios días más.
  • No hay vacunas para el resfriado y los antibióticos no lo curan. Se contagia de persona a persona por contacto con las gotitas que se expulsan por la boca o la nariz al toser o estornudar, y que pueden quedarse en las manos.
  • Es normal pasar varios resfriados al año.

  • ¿QUÉ PUEDO HACER

  • Utilice pañuelos de un solo uso.
  • Lávese a menudo las manos para evitar contagiar a otras personas.
  • Cuando tosa o estornude, cúbrase bien la nariz y la boca. Lo mejor es hacerlo con el interior del brazo hacia el codo.
  • No fume.
  • Puede tomar analgésicos o antitérmicos para el dolor de cabeza o la fiebre.
  • Para no irritar más la garganta, evite toser y carraspear si no es para sacar mucosidad.
  • Puede chupar caramelos sin azúcar. No están recomendados los de eucalipto ni los de menta porque irritarían más la garganta.
  • Puede ponerse suero fisiológico o agua con sal en la nariz para destaparla.
  • Si toma medicamentos para otras enfermedades, no deje de tomarlos.
  • Ventile diariamente su casa.

¿CUÁNDO ACUDIR AL MÉDICO?

  • Si tiene otras enfermedades crónicas y estas empeoran.
  • Si tiene algún síntoma diferente a los señalados.
  • Si el resfriado dura más de 10 días.
  • Si la fiebre (más de 38º) dura más de 2 días.

viernes, 23 de febrero de 2018

Trucos para preparar una oposición con éxito. fuente:el opositor

Consejos Oposiciones


Preparar oposiciones no empieza por estudiar, aunque eso ya lo señalamos hace tiempo. Una vez que escogemos la oposición a la que deseamos presentarnos hay que dar pasos seguros antes de ponernos a estudiar, pasos que pueden definir el éxito o el fracaso en nuestro propósito, no consiste en aprobar, sino en conseguir UNA PLAZA.

¡Qué bonito suena! ¿Verdad? ¡Pero cuanto queda aún para eso!

Vamos a ser realistas, comenzar a opositar supone dinero, sí, puede que hasta bastante, nunca se sabe. Primero tienes que buscar un preparador, el temario y todas aquellas cosas imprescindibles para empezar a estudiar, esas que te facilitarán las cosas cuando tus codos lleven ampollas y tu mirar al horizonte no suponga una puesta de sol sino un montón de folios con letras negras, algunas iluminadas con colores llamativos y anotaciones a los lados con una letra indescriptible.

El comienzo del estudio no puede producirse hasta que no tengamos acondicionado el lugar. Ese cuarto de estudio que se convertirá en nuestra pequeña cárcel o celda de castigo que nos promete un futuro seguro, lo de brillante, ya depende de cada uno y sus aspiraciones. Además, debes dedicar una mañana a preparar “tu vuelta al cole” particular. Hay que ir a comprar material como si tuvieses 10 años y fuese septiembre, bolígrafos, iluminadores, y lo que yo considero fundamental, un tablón de corcho. Sí, de estos que había en la clase para las notas, las excursiones a la nieve, etc.

Ahora, piensas, no sé quien escribe esto pero está un poco loco. Bueno, piensa lo que quieras pero lo del corcho es eficaz. Si yo fuera tú seguiría leyendo, puede que te interese.

El tablón es la clave de la organización y la planificación. El éxito en unas oposiciones es la suma de la planificación, la dosificación y la constancia. La motivación, fundamental para poder aguantar todo el sacrificio que supone preparar una oposición y protagonista de los dos artículos anteriores, sola, sin esfuerzo, es igual a nada. El estudio es lo que nos hace funcionarios, pero claro, estudiar sin motivación es imposible. Ambos conceptos se necesitan, se retroalimentan el uno al otro.

El tablón va a ser nuestra guía para preparar las oposiciones. Nuestro espejo en el que felicitarnos por los éxitos y castigarnos por los fracasos. Primero haremos dos listas que colgaremos en nuestro preciado tablón. La primera señalará en letra pequeña pero clara todos nuestros puntos débiles y deficiencias y al lado de cada punto escribiremos, esta vez en letra grande y negrita los castigos. Sí, habéis oído bien, cada vez que recaigamos en una de nuestras flaquezas nos autocastigaremos, una hora más de estudio ese día, no pasar de tema hasta que no sé que fecha, o estudiar un sábado por la mañana si es que no lo estamos haciendo ya. El castigo tendrá que ser equilibrado con la infracción. La otra lista, ya os lo imaginareis, es para las buenas conductas a reforzar y sus premios. Los premios y los castigos pueden ser de cualquier tipo, no tienen porqué estar relacionados con el estudio o las oposiciones, pueden ser personales.

En el tablón, además, colgaremos una planificación con fechas para superar temas, simulacros de exámenes y fechas de repasos.

Vamos, que debemos concienciarnos del papel de líder y tomar las riendas para alcanzar la tan soñada meta.

Para empezar a estudiar debemos tomarnos las oposiciones como un empleo. No somos monjes de clausura, si te lo tomas así, estás perdido. En 6 u 8 meses te habrás saturado y no rendirás o querrás abandonar. Hay que tener claro que más horas de estudio no es equivalente a más rendimiento.

Comenzaremos a preparar las oposiciones con una media jornada, cuatro horas que son aguantables para todo el mundo y con algún descanso entre medio. ¿Por qué tan poco tiempo? Sencillo, hay que acostumbrarse al ritmo, ir andando poco a poco. Salir corriendo el primer día puede provocarnos una lesión que nos retrase en nuestro empeño.

A los tres meses, nos ampliamos el contrato a cinco horas y al cuarto mes a seis. Al sexto mes ya somos indefinidos y por tanto, a currar ocho horas como todo hijo de vecino. Eso sí, jornada de lunes a viernes, los fines de semana los reservamos para horas extras cuando se vaya acercando la oposición. Bueno, los que trabajan mientras preparan la oposición, pensarán y nosotros qué. Evidentemente, si trabajas, haz lo que puedas, no podemos exigirte más, ni tú, tampoco.

Además, antes de ponernos totalmente en serio a comernos los apuntes, hay que distribuir el tiempo total que tenemos, o creemos tener, hasta los exámenes entre todo el temario, marcando claramente las horas de estudio de cada tema. Una vez marcado el calendario, como no, a colgarlo en el tablón.

También hay que planearse simulacros de examen mensuales. Haz test o exámenes a desarrollar según las pruebas a las que debas presentarte. En el caso de temas a desarrollar prepárate bolitas, tantas como temas tengas para esa prueba. Saca una y realiza el simulacro. Lo mismo es en el caso de tener exámenes orales. Para estos simulacros fija un día del mes y señálalo en tu planificación del tablón.

Lo más importante a la hora de organizarnos es ser realistas y, también, flexibles. Una buena idea para implantar medidas justas de flexibilidad, sin darnos a nosotros mismos una mano y cogernos el brazo entero, es utilizar un sistema de bonos. Un bono que nos otorgue un máximo de tres cambios al mes. Cada vez que realicemos un cambio cogeremos una parte del bono, así hasta acabarlo. Evidentemente, lo mejor sería no gastar el bono completo. Ah! Y una regla de oro: “Los bonos no se acumulan del mes anterior”. Si un mes no gastas todos los cambios, tiras el bono y para el mes siguiente te fabricas un bono de tres cambios nuevamente. Es una forma de ser equilibrados, los excesos suelen jugar malas pasadas en la vida, sobre todo, a los opositores.

Para un opositor, una parte fundamental del estudio siempre serán los repasos. Si no queremos olvidar todo lo estudiado, debemos marcarnos un repaso equilibrado con el estudio. El tiempo dedicado a esto debe aumentar progresivamente ya que cada día se tienen menos temas por estudiar pero más temas que repasar.

Después de tener la planificación colgada en un corcho lleno de papeles, con mucha vida y colores, empieza lo duro, lo realmente duro: ESTUDIAR.

Los pasos a seguir todos los conocemos, siempre aparecen en todas las recomendaciones para preparar oposiciones o en todos los manuales de técnicas de estudio.

Primero sería la lectura. Cuando por fin tenemos todo el temario, hay que sentarse a leer tranquilamente. En esta primera fase, la ilusión está al máximo de los niveles posibles. Todo es positivo. ¡Qué interesante!, ¡Este parece fácil de aprender!, pensamos.

Sin duda, el segundo paso sería el conocido subrayado. Es un paso sencillo, estamos en pleno apogeo de la ilusión. Subrayamos y nos parece tan sencillo recordar lo subrayado. La motivación está en época de esplendor.

El tercer paso es el resumen. Algunos comienzan a flaquear en esta parte del estudio. Supone el primer esfuerzo real y la motivación puede que haya comenzado ha descender la escalera. Recordar todo no nos resulta ya tan sencillo y ¡hay tantos temas!

La siguiente fase es la de hacer esquemas. Aquí puede que nos volvamos a encarrilar. El tren sigue su rumbo. Hacer esquemas nos refuerza ya que nos ayuda a recordar palabras e ideas clave con relativa facilidad.

El gran problema suele llegar en la fase de la memorización. ¡No, es imposible!¡ Jamás voy a ser capaz de aprenderme todo esto! Dime, ¿no estarás en esta fase? Te parece que no avanzas y te desesperas. Tranquilízate, es cuestión de tiempo. Muchos antes lo estudiaron y ahora tienen su plaza. Es el periodo más duro de una oposición, el de mayor sacrificio, pero no lo olvides, la constancia es la clave del éxito. Para estos momentos, hay miles de manuales sobre técnicas nemotécnicas que pueden sernos de utilidad. También hay que ser consciente que algunas son más eficaces que otras, y que aunque nos las planteen como bíblias para memorizar, sólo son una forma de allanarnos el camino, pero sin pies con los que caminar no llegaríamos a ningún sitio. No desistas, todo aquello por lo que has decidido ser opositor te ayudará en el sacrificio, en aguantar la hincada de codos y el ritmo frenético de unas oposiciones.

Y, por último, para acercarnos al triunfo sólo quedaría la parte más agradecida del estudio, el repaso. Cada tema repasado es un paso adelante. Cada día nos queda menos para alcanzar nuestro objetivo. Aquí, nuestra autoestima se reactiva.

Para todo opositor, el repaso final es duro. Son muchas horas, aquí puede que hasta fines de semana completos. Los exámenes están cerca, muy cerca. Todo llega a su fin, o eso esperamos.

Preparar oposiciones es una carrera de resistencia, no vale la velocidad, sólo la constancia, la organización. Respira hondo, suerte y a por ello.

miércoles, 10 de enero de 2018

La empatía médica ¿cuál es el impacto en los pacientes?FUENTE: aeiou web

La empatía médica ¿cuál es el impacto en los pacientes?


En una consulta médica “ocurren cosas” entre el personal sanitario y los pacientes que escapan de lo estrictamente médico. Si, porque allí se encuentran dos seres humanos. Y se construye (o no) una conexión/vínculo que es determinante para ambos (desde el punto de vista profesional: mayor eficiencia y menos bournout. Desde el personal: transformando vidas).

Contamos con excelentes profesionales que están muy preparados. Muchos no olvidan tampoco que la medicina además de ciencia es también un arte. Y aquí está la “guinda del pastel”, lo que marca la diferencia, aquello que lo cambia todo, que lo transforma a mejor: el médico (enfermera/o) que “conecta” con el paciente, lo comprende y por tanto lo “sana” porque está más cerca del enfermo que de su enfermedad.


Todos nos hemos encontrado con un médico que ha sabido presentarse, llamarnos por nuestro nombre, sonreír, mirarnos a los ojos, quizás poner su mano en nuestro hombro, asegurarse de que le comprendemos, que nos da la información que necesitamos sobre nuestra enfermedad… Sabemos lo potente que es esa conexión y la confianza que genera, cómo nos involucra en el tratamiento, cómo influye en nuestra recuperación y en nuestra implicación para co-responsabilizarnos de nuestra enfermedad.

Sin duda alguna lo que más valoran los pacientes  es “sentirse cuidados”, ni más ni menos, pero con todo lo que conllevaPremian especialmente que se les escuche y que se establezca con ellos una relación comunicativa, afectiva y asertiva en un lenguaje comprensible para ellos. Las tres C,s de la Consulta: Comunicación, Comprensión y Confianza. Y lo más maravilloso de esto es que a mayor comunicación, comprensión y confianza más satisfacción por ambas partes y mejores resultados en todos los sentidos.

Una relación empática requiere en primer lugar PRESENCIA. Esa actitud, ese saber estar que le transmite al paciente “en estos momentos eres tú lo único que me importa” (a pesar de mi cansancio, la sala de espera llena y la demora). Esto requiere mucha autogestión emocional. Es decir, un saberme recuperar de los momentos complicados para entrar “nuevo” en la siguiente visita. Un resetear continuo. Vivir el momento presente haciendo un esfuerzo para dejar de lado aquellos pensamientos y sentimientos que me apartan de lo que está ocurriendo en ese instante (mi auto dialogo). Sin presencia no puedo escuchar verdaderamente. No puedo intuir aquella información que está detrás de las palabras del paciente: lo que me dice, cómo me lo dice, lo que no me dice, sus necesidades ocultas, su sentir, la emoción en la que se encuentra…
Saber lo que tenemos que hacer muchas veces no es suficiente. Muchas veces el mensaje en una consulta se limita a dirigirse a nuestro cerebro racional. Y aunque comprendemos, no nos sentimos capaces de hacer lo que nos dicen.
Sabemos, por ejemplo, que fumar es muy nocivo para nuestra salud, comprendemos el mensaje, nuestra razón lo asimila a la perfección. Eso es fácil. Sin embargo, me siento incapaz de dejar de fumar. Mi inconsciente me dice: el tabaco me ha acompañado en los buenos y los malos momentos toda mi vida, en mi ocio, en las celebraciones y también en mis momentos de soledad, de angustia… Siento inseguridad y miedo ante la idea de que desaparezca de mi vida. Ya sé que esto no suena muy racional (me puedo repetir una vez más que es malo para mi) pero sigo sintiendo lo que estoy sintiendo aunque no sea muy consciente de ello…
Ahora bien, si encuentro el apoyo, las palabras oportunas que van directas al corazón (no a mi cabeza) y el reconocimiento necesario… Será más fácil para mi dejar de fumar. Si mi médico sabe contagiarme de su seguridad y me lleva a otro tipo de emoción más adecuada para poder dejar de fumar (que el miedo) será, sin duda, de una gran ayuda. Si me lleva a la alegría, a la satisfacción de saber a todo aquello que estoy diciendo “SI” al dejar de fumar, me anima a poner todo mi esfuerzo en ello. Me hace sentirme capaz y eso es muy poderoso, nos da mucho poder.
Está muy bien reclamar empatía al personal de la salud. Pareciera que es su responsabilidad y no digo que no sea así. No obstante, las relaciones que funcionan son empáticas por ambas partes. Aquellas en las que la empatía es bidireccional. ¿Somos los pacientes empáticos con los médicos? Muchas veces no. Es cierto que el paciente es el enfermo pero cuantas veces nos olvidamos que los médicos, las enfermeras no son héroes, son trabajadores como todos, son personas con sus problemas y sus historias.
La amabilidad sólo abre puertas venga de donde venga. La exigencia tuerce o complica las cosas. Como pacientes queremos encontrarnos con un médico que sea empático, que nos escuche y comprenda, que sea respetuoso con nosotros y nuestra enfermedad. Y esta premisa es válida también para el médico porque todos queremos que la relación y la visita fluya de la mejor manera posible. También desea que llegado el momento podamos comprender como pacientes que lleva un día complicado y por eso, nos ha hecho esperar, que tal vez no ha dormido o se ha quedado sin comer y aún así está por nosotros.
Estoy segura de que si todos conociéramos las historias de cada cual (el mes pasado enterró a su hijo, estoy pasando por un divorcio, me han diagnosticado cáncer, esta noche no me he acostado porque he tenido una mala guardia, no sé cómo pagar este tratamiento…) todos nos trataríamos mejor. Lo cierto es que no lo sabemos, pero eso no es excusa para no intentar comprender y adentrarnos en el mundo del otro (eso es empatía).

En el día a día de una consulta hay muchas circunstancias que no dependen del médico/enfermero (falta de tiempo, recursos…) y también hay muchas otras que sí. Atender con amabilidad, mirar a los ojos del otro, querer conectar con sus necesidades, escuchar activamente para llegar más allá de sus palabras…CONECTAR con el paciente porque hay un interés sincero en saber cómo se encuentra hoy, en cómo está, en cómo sigue el tratamiento…

Todo esto depende únicamente de la ACTITUD.

Ante el desgaste de la rutina hay que convencerse una vez más que ese es el camino y reconectar con aquello que te ha traído hasta aquí: tu vocación. El para qué de un largo camino que pasa por muchos años de estudio y esfuerzo. Algo que todo médico/enfermero sabe identificar en su interior.
¿Qué te llevo a convertirte en médico/enfermero?
¿Cuál es el propósito que da sentido a tu profesión?
¿Qué tiene la medicina (la enfermería) para que la eligieras entre otras profesiones?
A veces despreciamos los pequeños gestos. Un antiguo proverbio chino dice que “el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.

No subestimemos los pequeños detalles porque sostenidos en el tiempo tienen un efecto multiplicador en la vida del paciente. Enfocarse en lo que sí depende de uno puede generar grandes cambios en la vida del paciente.

En la ecuación del valor del profesional los conocimientos, la experiencia, las habilidades SUMAN, pero no olvidemos nunca que la ACTITUD MULTIPLICA.